EL ARTE DE APRENDER

Cuando supe que sería mamá fue una de las noticias más impactantes a mi vida, realmente tuve miedo, sentí tristeza, hasta pensé que no podría soportar el parto, fueron semanas difíciles de no querer aceptarlo, luego, con el tiempo comprendí que este es el mejor regalo que Dios tenia para mi… Dar vida, la realidad, Salomé vino a mí para darme alegría, sonrisas, enseñanzas, vino a darme vida. Ha sido un constante aprendizaje, llegue hasta aquí para experimentar el amor y la dedicación que puede existir por alguien, he aprendido a morir a mí para vivir por ella, ha sido mi mayor inspiración para poder entregar a otros lo que a diario me enseña. Cuando supe que sería mamá pensé que mi vida en el Taekwon-Do iba a terminar, que no podría avanzar y que lo que había construido en años se había derrumbado, lo que no sabía era que con su llegada daría el inicio a mi vida en el Do.

El privilegio de enseñar no es para todas las personas, en realidad son muy pocas las que se atreven a  hacerlo, y yo, puedo gozar de este, los que me conocen saben cuánto disfruto del proceso de enseñanza-aprendizaje junto a estos pequeños, este año ha sido un sueño hecho realidad, estar dando clases (que me apasiona) a las personas más especiales que puede existir, o ¿por qué cree usted que Dios nos pide que seamos como niños?, porque sabe que en ellos hay inocencia, pureza, autenticidad, transparencia, y la verdad no hay nada más especial que la confianza de un niño en medio de nuestras vidas, cuando esto sucede podemos celebrar la transformación de su vida, llevándoles a ser su mejor versión a diario sin importar su edad, cuando tenemos su confianza tenemos la capacidad de edificar o destruir sus vidas.

Esto me motiva a esforzarme a diario para preparar sus clases con diligencia, para enseñarles lo importante y no lo urgente de la vida, a preparar sus corazones para amar, perdonar, ser íntegros, conocer la verdad, a entregar en sus manos las herramientas para construir un mundo más pacífico, a cumplir con las normas establecidas dentro y fuera de sus clases, de su casa, de su escuela, que puedan respetar a sus mayores y a sus iguales, que sus NO sean válidos y respetados, que nunca hagan mal uso de las cosas que saben y por el contrario hagan el bien todos los días de su vida.

Hoy quiero hablar del privilegio que tengo al poder compartir con sus hijos, mi recompensa es poder  sonreír a su lado con cada travesura, de disfrutar su dulzura reflejada en sus ojos acudiendo por ayuda en momentos de dificultad,  mi recompensa está en sentir sus manos pidiendo ser guiados para hacer las cosas de la mejor manera, de sus abrazos puros que reconfortan mi alma, que cargan de energía mi vida y que con su inocencia me llevan a pensar que el mejor lugar para estar es allí, mi recompensa es ver sus esfuerzos, por más difícil que parezca, mi recompensa es estar a su lado y ver el progreso que a diario tienen en sus  procesos, verles levantarse después de caer, verles sonreír después de estar frustrados, verles pidiendo perdón a otros y con una sonrisa continuar como si nada pasará, verles siendo personas en formación para que este mundo que esta tan perdido pueda tener otro rumbo en algún momento, esa es mi mayor recompensa.

Si tiene el privilegio de tener a un niño a su lado, disfrute cada etapa de su vida, dele el tiempo de calidad que merece y no se canse de sus preguntas, la mayor recompensa para ellos, es tener la seguridad de que siempre estarán a su lado.

Gracias por dejar que sus pequeños me llenen de enseñanzas cada día.

 

Mónica Valenzuela

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