Un error común con nuestros niños

En el día a día solemos aprender cosas nuevas, a donde quiera que vayamos estamos en una constante absorción de información y una de las mayores fuentes de esta es la interacción con otros por medio del lenguaje.

Si lo miramos detenidamente el simple hecho de hablar con alguien permite obtener información o afianzar la que ya poseemos, es nuestra naturaleza y esto es porque ser esponjas de conocimiento nos permite adaptarnos a múltiples contextos.

En ocasiones somos conscientes de nuestra propia carencia de información con respecto a ciertos aspectos de la vida y muchas veces buscamos llenar ese vacío por medio de algo tan simple como hacer preguntas, puesto que es una forma rápida y efectiva de aprender.

Esto es algo básico y como ya he mencionado, está presente en el día a día, pero aun así lo olvidamos cuando se trata de nuestros niños, muchas veces evitamos responder, respondemos de mala manera, prohibimos preguntar e incluso castigamos estos comportamientos.

Somos seres humanos, a veces estamos cansados, agobiados por obligaciones y tenemos muchas cosas en la cabeza, lo cual hace que tener a un niño haciendo constantes preguntas pueda ser molesto, pero debemos respirar, hacer una pausa, recordemos que están aprendiendo del mundo, ellos tienen menos conocimientos que nosotros y nos necesitan a nosotros, sus guías.

Cuando un alumno, un hijo, un primo o de por si un niño que esté bajo nuestro cuidado, procuremos responder sus preguntas de la forma más clara posible y más aún cuando el niño se está cuestionando sobre algo que le pedimos hacer, muchos cometemos el error de asumir que el niño debe hacernos caso solo porque somos el adulto responsable y no nos damos cuenta de que no solo no estamos contribuyendo al aprendizaje de nuestro niño, sino que estamos debilitando nuestra relación con él.

Cuando un niño nos pregunta algo, es porque realmente nos considera alguien con la capacidad de brindarle la información que él necesita y si lo hace con respecto a algo que debe hacer, está buscando entender por qué debe comportarse de esa manera y no de otra.

Si damos respuestas como: “así son las cosas”, “simplemente hazlo”, “no preguntes”, entre otras, estamos mandando el mensaje equivocado, les estamos dando a entender que su aprendizaje no es importante para nosotros, puede que también les estemos indicando que cuestionarse y aprender es algo malo o que intentar aprender de nosotros es una experiencia aversiva.

Como profesores, padres o de por sí adultos responsables, queremos que nuestros hijos aprendan sobre el mundo que los rodea de la forma más clara y real posible, que puedan desenvolverse por la vida de forma saludable y segura, por lo mismo procuremos siempre responder a sus preguntas y explicarles por qué les pedimos o decimos ciertas cosas, seguramente mejoraremos la confianza que depositan en nosotros y aprenderán más fácilmente a comportarse adecuadamente en cada situación que se les presente.

 

Sabum Leopoldo Torrente

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