Estereotipos género en el mundo del Taekwon-Do: construcción y deconstrucción de la masculinidad y la feminidad. Por Sofía Perez

La construcción de identidad de los seres humanos ha estado siempre relacionada con las características sexuales biológicas. La posesión de pene o vagina determina la manera en la que los niños se construyen a sí mismos a partir de la crianza, la imitación y la socialización, mientras que “aprenden” a ser hombres y mujeres en los parámetros socialmente aceptados de su contexto específico. Para quienes han estudiado la construcción de la identidad de género, en realidad no existen diferencias naturales entre hombres y mujeres más allá de los órganos reproductivos, las hormonas, las gónadas y los cromosomas. A pesar de ello, siguen existiendo roles y estereotipos que hombres y mujeres deben seguir para ser socialmente aceptados por el grupo con el que conviven.

A pesar de que existen espacios que refuerzan la división binaria de los géneros y sus funciones, a los cuales se hará referencia más adelante al retomar las ideas de Beatriz Preciado en el texto Basura y Género, y espacios que buscan deconstruirlos, como las aulas universitarias, existen también espacios mixtos que deconstruyen los estereotipos de un género mientras refuerzan los del otro. Este es el caso del Dojang, espacio en el que se practica el arte marcial del Taekwon-Do, pues en este, a pesar de que se desafían los estereotipos de género hacia las mujeres, se refuerzan aquellos que ordenan la conducta masculina en función de la virilidad, la fuerza y el estoicismo.

Para demostrar dicha deconstrucción de los estereotipos femeninos y la consecuente reafirmación de los estereotipos masculinos es necesario seguir una serie de pasos. En primer lugar, es necesario realizar una explicación teórica sobre la manera en la que se normalizan dichos estereotipos de género en el lenguaje y en la vida cotidiana. Para ello se hará referencia a las ideas presentadas por Aurelia Martín Caseres en el texto Antropología del género culturas, mitos y estereotipos sexuales, en las que propone que las simbolizaciones de género afectan la manera en la que los hombres y las mujeres se relacionan y actúan. Así mismo, se hará referencia a las ideas planteadas por Eva Espinar Ruiz y Hernando José Antonio Ríos en el texto Producción del espacio y desigualdades de género.

Más adelante, se compararán los resultados de una encuesta de diez preguntas realizada a los practicantes de Taekwon-Do de la sede del barrio Chicó academia Hwa Rang Choi de Bogotá con ideas sobre la construcción de la identidad femeninda y de la identidad masculina. Sobre la identidad femenina se encontraron los textos ¿Existe la mujer? de Gabriela Castellanos y el texto Género e Identidad de Marta Lamas, en el que las autoras hablan sobre la construcción de la identidad femenina y los estereotipos que surgen de esta construcción..

Sobre la identidad masculina se encontraron los textos Nuevas masculinidades: discursos y prácticas de resistencia al patriarcado de Leonardo Fabián García, el texto Masculinidades diversas de Mauricio List Reyes y el texto De quebradores y cumplidores: Sobre hombres, masculinidades y relaciones de género en Colombia de Mara Viveros, que en este caso servirán para explicar la manera en la que se construye la identidad masculina. Una sección del texto de Viveros, junto con el texto Lutadora, pesquisadora: lugares, deslocamentos e desafios em uma prática investigativa de Fabiana Cristina Turelli y Alexandre Fernandez Vaz, servirá para explicar cómo se construye la identidad masculina en el mundo del deporte y de las artes marciales.

La construcción de los estereotipos de género

Aunque para muchos las diferencias comportamentales entre hombres y mujeres provienen de la biología, los antropólogos han argumentado que estas diferencias y las identidades que surgen de estas diferencias son una construcción social que se encuentra naturalizada e intrínseca en el lenguaje. La forma en la que los individuos se refieren a otros y a sí mismos cambia sus percepciones sobre los comportamientos que se esperan de ellos y la forma en la que deben relacionarse con otros seres humanos.

Según Aurelia Martín Caseres:

El estudio de la manipulación de las categorías y los valores asociados al género a nivel simbólico proporciona elementos para la comprensión de los procesos de pensamiento, ya que las nociones simbólicas permiten que estas sean utilizadas según el significado social que conviene a cada momento cultural. Precisamente, el poder de la simbolización del género es que parece que los hombres están «naturalmente» mejor dotados para determinados roles y las mujeres para otros. (pág. 233).

La autora propone que la forma en la que se simbolizan los géneros tiene una influencia en el pensamiento humano y, por ende, da un significado a la identidad de cada individuo. Por la forma en la que se ha simbolizado a ambos géneros hasta el día de hoy, existe un pensamiento construido de que hay ciertas actividades que los hombres hacen mejor que las mujeres y otras que las mujeres hacen mejor que los hombres. Por ejemplo, mediante la simbolización, a las mujeres se les han atribuido características como la emocionalidad y la ternura y a los hombres características como la racionalidad. Lo anterior implicaría que las mujeres están más dotadas para realizar actividades de cuidado mientras los hombres se encargan de actividades de la vida pública, que requieren de la toma de decisiones con “cabeza fría”. A pesar de que no hay evidencia científica de que las características ya mencionadas estén relacionadas con la biología de los seres humanos, la forma en la que se representa y se habla sobre el género ha llevado a los individuos a ser socializados según el modelo de hombre y mujer natural en la sociedad.

Según Eva Espinar Ruiz y Hernando José Antonio Ríos,

Las representaciones sociales permiten por un lado explicar y comprender el entorno; por otro guiar las actitudes y los comportamientos hacia y en ese entorno. Se trata pues, al mismo tiempo, de procesos y contenidos. Es pensamiento constituido en la medida en que son estructuras que orientan la interpretación que los sujetos hacen de la realidad. Es pensamiento constituyente en la medida en que intervienen en la elaboración de la realidad. Al formar parte de la realidad contribuyen a configurarla. Construyen, además, el objeto del cual son representación (2002, págs. 86-87).

En ese orden de ideas, lo que se busca con este texto no es evidenciar que las características socialmente atribuidas a hombres y mujeres son reales o no, sino analizar el comportamiento de los practicantes del Taekwon-Do en relación con esas características. Según lo encontrado en procesos de observación y encuestas, se encontró que en el espacio del Dojang las características atribuidas a las mujeres se desdibujan mientras se refuerzan aquellas atribuidas a los hombres.

Los estereotipos masculinos y femeninos en el Dojang

A continuación se hará un análisis sobre los estereotipos masculinos y femeninos a partir de lo observado en la sede Chicó de la academia de Taekwon-Do Hwa Rang Choi. A pesar de que se ha hecho énfasis en que se analizarán los comportamientos dentro del Dojang, también se encontró pertinente analizar el comportamiento de los individuos en los espacios de competencia. Las características que se analizarán a continuación son: el uso y evidencia de la fuerza física, la forma en la que se evidencian las emociones, la vanidad y relación del individuo con su apariencia física y el uso del lenguaje y el trato entre pares.

Es importante tener en cuenta que los individuos del grupo que se analizó se encuentran entre los 10 y los 40 años (figura 1), que el 100% de los practicantes que se identifican como hombres se identifican también como heterosexuales, el 66.67% de las personas que se identifican como mujeres se identifican también como heterosexuales mientras el 16.67% se identifican como homosexuales y el resto como bisexuales (figura 2).

La importancia de la orientación sexual en este caso tiene que ver con la identidad de los individuos y la construcción de su personalidad. Según Mauricio List Reyes,

La identidad no es un destino sino una elección. Pero, en una cultura donde los deseos homosexuales —femeninos o masculinos— siguen siendo execrados y negados, la adopción de una identidad lesbiana o gay constituye inevitablemente una elección política. Estas identidades no son expresiones de esencias concretas. Son autocreaciones, pero creaciones en términos no elegidos libremente, sino establecidos históricamente. Así, las identidades homosexuales ilustran la relación entre la restricción y la oportunidad, la necesidad y la libertad, el poder y el placer. (2004, pág. 333).

Por consiguiente, la identidad sexual podría tener algún tipo de influencia en la construcción de la identidad de género. Sin embargo, teniendo en cuenta que no hay hombres homosexuales en el grupo y que la cantidad de personas pertenecientes a la comunidad LGBT es muy reducida, los resultados de esta investigación podrían no ser lo suficientemente significativos para llegar a una conclusión sobre la relación entre la construcción de género, la orientación sexual y el Taekwon-Do.

Figura 1

Figura 2

 

El uso y evidencia de la fuerza física en el entrenamiento y la competencia

La fuerza física ha sido típicamente atribuida a los hombres en las representaciones cotidianas del género masculino. La hombría, en consecuencia, depende en gran medida de las capacidades físicas de los hombres respecto a sus habilidades. Más que la agilidad o la rapidez, se busca evidenciar la fuerza física tanto para hacer como para resistir.

Según Mara Viveros,

El carácter inherentemente competitivo del deporte tiende, como lo plantea Dunning (1996), a despertar la agresividad, y en este sentido es una actividad que desempeña un papel central en la construcción de la diferencia sexual: inculca la «hombría», enseña el sentido del honor y la solidaridad masculina, el gusto por la acción y la superación, es decir, los rasgos psicológicos e ideológicos supuestamente característicos de la masculinidad (…) La fuerza, la habilidad física, el valor, el arrojo y la capacidad para enfrentar el riesgo son, según nuestros entrevistados, los principales criterios para ganarse una reputación de hombría en el campo deportivo y fuera de él, y para corresponder al ideal de masculinidad forjado en estos grupos. (…) Las competencias deportivas son percibidas, tanto por los mayores como por los jóvenes, como pruebas que buscaban evaluar la capacidad, la resistencia y la fortaleza física de los varones, es decir, medir tácitamente su nivel de «virilidad». (2002, págs. 219-220).

Lo planteado por Viveros responde a una investigación realizada por la misma en la que busca entender la construcción de la masculinidad en Colombia. Entre sus hallazgos se encuentra que, en el país, el deporte constituye una forma de construcción del hombre que implica que el mismo evidencie su fuerza ante los demás. En este caso, la fuerza no se relaciona únicamente con su habilidad de mover y levantar objetos, sino también con su valor, tenacidad y resistencia al dolor y la adversidad.

Según la encuesta, la fuerza física resulta más importante para las mujeres que para los hombres durante el entrenamiento. A saber, para el 33,3% de las mujeres entrevistadas la fuerza física es muy importante, mientras que para el 67,7% es importante. Ninguna de las entrevistadas reconoció darle poca, o no darle ninguna, a la fuerza física (izquierda). Para los hombres, por otra parte, la fuerza física resultó menos importante. A pesar de que para dos de los competidores la fuerza física es la prioridad al entrenar, solo el 14,29% de los entrevistados la encontró muy importante, el 28,57% importante, otro 14,28% algo importante y el resto nada importante (derecha).

Más allá de la encuesta, también hay evidencia de la importancia de la fuerza física para las mujeres durante el entrenamiento y competencia que se iguala a la de los hombres. Durante el entrenamiento, todos los individuos deben realizar los mismos ejercicios sin importar su género. Cuando se pone a uno o varios individuos una tarea más retadora o difícil, usualmente se hace por su grado o capacidad física: quienes son más avanzados deben cargar más peso o utilizar implementos que requieran de una mayor condición física. Las mujeres en el Dojang suelen disfrutar mostrar sus habilidades físicas y usualmente se presionan las unas a las otras para continuar con el ejercicio a pesar del cansancio y el dolor, al igual que los hombres. Durante la competencia, tanto hombres como mujeres buscan demostrar la misma tenacidad y fuerza, no evidenciar ningún tipo de debilidad antes o durante el combate y se motivan los unos a los otros al igual que durante el entrenamiento.

Según Viveros, “el énfasis puesto en la superación del dolor y el cansancio a través de la aplicación e incorporación de una férrea disciplina constituye una forma masculina de percibir y moldear el cuerpo” (2002, pág. 100). Teniendo eso en cuenta, es evidente que las mujeres practicantes de Taekwon-Do en la academia Hwa Rang Choi han tomado una característica típicamente masculina en cuanto a la evidencia de su fuerza y capacidad. Esto es coherente con la visión de Fabiana Cristina Turelli y Alexandre Fernandez Vaz sobre la experiencia femenina en la práctica del karate, otro tipo de arte marcial. Según las autoras, “El parámetro de formación deportiva termina siendo el del mundo masculino, en particular en las luchas, pues, como se indica en la cultura del dojo, la mujer, cuando lucha bien, lucha como un hombre” (2011, pág. 898).

Diferencias en la forma en la que se demuestran las emociones de hombres y mujeres practicantes

Habiendo hablado sobre una característica típicamente masculina, se hablará ahora de una característica atribuida a las mujeres en las representaciones cotidianas: la emocionalidad. En este contexto, la emocionalidad no se refiere a la capacidad de sentir emociones sino a la forma en la que los individuos reaccionan a ellas. Es más que claro que todos los seres humanos experimentan las emociones todos los días, pero la evidencia de estas emociones es un rasgo que se ha otorgado socialmente a las mujeres. Leonardo Fabián García cita a Viveros en su texto Nuevas masculinidades: discursos y prácticas de resistencia al patriarcado, cuando dice,

Según Viveros (2002, 60), otro problema de las nociones normativas es que a los sujetos se les dificulta construir una imagen propia que tome otros aspectos de la masculinidad más allá de los determinados por la norma. Por ejemplo, “el estereotipo del macho excluye estas diferentes dinámicas subjetivas, haciendo creer al individuo que un hombre se hace a partir de una serie de absolutos: no llorar nunca, ser el mejor, competir siempre, ser fuerte, no implicarse afectivamente ni renunciar nunca. (2015, pág. 15).

En este caso, el absoluto “no llorar nunca” define la expresión de las emociones de los hombres colombianos, específicamente. Es socialmente aceptado que los hombres demuestren su enojo o felicidad, pero no su tristeza, vulnerabilidad, dolor, o miedo. Para las mujeres, por otra parte, la expresión de las emociones está socialmente aceptada como una característica típica del género. En el feminismo cultural, por ejemplo, se busca una reivindicación de esos atributos femeninos como herramientas positivas; según Gabriela Castellanos,

Aunque la cultura machista la desprecia, la mujer puede mostrar que sus cualidades son positivas. Aquello que o debilidad, en realidad es amor a la paz. Lo que se le reprocha como exceso de sentimentalismo es en verdad una mayor capacidad de expresar sentimientos, de dar ternura. La tendencia a ser demasiado subjetiva, según el discurso dominante, es una mayor conciencia de su afectividad. (pág. 41).

En ese sentido, hombres y mujeres expresan sus sentimientos de manera distinta, por la forma en la que se han socializado. Como ya se mencionó anteriormente, se espera que los hombres demuestren ser resistentes al dolor como prueba de su hombría. Al preguntarle a los hombres sobre sus reacciones ante el dolor físico, el 42,68% admitió gruñir, 28,7% admitió gritar, 28,7% admitió molestarse, 28,7% admitió decir grosería, 28,7% admitió reírse y el 28,7% admitió procurar no demostrarlo. Ninguno de los entrevistados admitió llorar ante una sensación de fuerte dolor físico (derecha). En el caso de las mujeres sucedió algo curioso, a pesar de que el 33,33% de las mujeres entrevistadas admitió llorar ante una sensación fuerte de dolor físico, también el 33,33% de las mujeres admitió procurar no demostrarlo. El 50% de las mujeres también admitió molestarse, decir groserías o reírse, mientras ninguna admitió gruñir o gritar (izquierda).

Más allá de la encuesta, se realizó una entrevista a varias personas que se encuentran frecuentemente en la academia. Según Claudia Natalia Laiton, practicante principiante de Taekwon-Do,

Tanto los hombres como las mujeres se exigen en entrenamiento para llegar mejores a competencia. A veces, en ese camino, las mujeres y los hombres se frustran; pero las mujeres suelen mostrar más esa frustración que los hombres: generalmente, los hombres la convierten en ira que reflejan en el entrenamiento y en competencia. Las mujeres son muy persistentes, la gran mayoría tiene el pensamiento de no rendirse o de sacar toda su energía en el momento de competir y cuando pierden, sin embargo, se ve esa misma frustración, generalmente en llanto, mientras que los hombres a pesar de su frustración no demuestran ni su tristeza ni su ira, son muy tranquilos. (2017)

Gabriel Pulecio, quien conoce más que nadie el proceso formativo de los practicantes por ser su profesor y entrenador, afirma que para las mujeres practicantes de la academia es más fácil estar en contacto con sus emociones y por ende expresarlas. Cuando las mujeres tienen un mal día pueden expresarlo y así es posible organizar el entrenamiento con respecto a esas emociones. Los hombres tienden a cerrarse y son más reservados, cuando tienen un mal momento tratan de rendir lo mismo y no poder hacerlo, por la emoción que están sintiendo, genera más frustración y el resultado del entrenamiento no es productivo. Lo mismo pasa en competencia, las mujeres se recuperan mejor de una derrota que los hombres: el hombre tiende a irse más a los extremos, es eufórico tras ganar pero apocalíptico tras la derrota, eso también afecta en gran medida su desempeño. (2017).

Alejandra Suanca, practicante avanzada, menciona que la expresión de las emociones puede depender también del gusto de la persona por la competencia: los individuos pueden mostrarse nerviosos, relajados, felices. Como para los hombres la competencia representa un reto, muestran sus emociones al respecto. Cuando son niñas usualmente no les gusta que les peguen, por lo que las mujeres son un poco más reacias y se muestran nerviosas en la competencia. En el entrenamiento dependen las motivaciones de los individuos: hay mujeres que entran con la intención de tener el abdomen plano y hombres que entran con la intención de aprender a pelear, y viceversa. Todo depende de la forma en la que cada uno trabaje (2017).

Ángela María Duarte, practicante de Taekwon-Do de la academia, añade,

He visto, pero no sé si esta es una opinión parcializada porque es mi caso, más miedo o prevención frente al combate de parte de las mujeres. Lo interesante es que también hay una fuerte determinación por vencer ese miedo. He escuchado varias veces la frase: ‘me da miedo, pero es precisamente por eso que lo hago’. (2017).

Hay concordancia entre lo evidenciado en la encuesta, lo expresado por los entrevistados y lo observado durante los procesos de entrenamiento y competencia: es más frecuente que las mujeres evidencien sus emociones mediante acciones como el llanto y que hablen de ellas con los demás. A pesar de que es probable que en la creencia popular la aversión a demostrar las emociones implique un mejor desempeño deportivo, Pulecio afirma que la represión de las emociones puede entorpecer el entrenamiento y el desempeño de los practicantes. En este caso, las mujeres no actúan de forma performativa como seres especialmente afectivos y sentimentales, sino que buscan hacer frente a dichas emociones para evitar repercusiones emocionales futuras y como desafío personal. Los hombres, por el contrario, pueden procurar ignorar dichas emociones para no entorpecer su proceso, teniendo un resultado distinto.

La vanidad y la relación del individuo con su imagen física

En uno de los ejercicios de la encuesta se pidió a los individuos que describieran a los hombres y a las mujeres de su edad con tres adjetivos para cada género. Curiosamente, el adjetivo que se utilizó para describir a las mujeres con mayor frecuencia fue “vanidosas”, casi el 30% de los entrevistados utilizó esta palabra. La vanidad ha sido una característica típicamente atribuida a las mujeres; pero la actualidad evidencia un cuidado similar por el cuerpo entre hombres y mujeres y una preocupación similar por su imagen.

Según Mara Viveros,

Lo anterior puede asociarse a la globalización de las imágenes de virilidad a través de los intercambios comerciales, laborales y educativos, y a la influencia homogeneizante de los mensajes difundidos por los medios de comunicación respecto al vestir, actuar y sentir de la juventud de los grupos sociales dominantes: «El muchacho de hoy quiere tener un cuerpo escultural porque sabe que con ése se va a defender mucho mejor». Los jóvenes aprenden a expresar su seguridad personal a través del cuerpo, convertido de esta manera en un símbolo de estatus. (2002, pág. 224).

En el caso de la academia Hwa Rang Choi, los resultados obtenidos mediante la encuesta y las entrevistas no fueron similares. Según Leopoldo Torrente, practicante avanzado de Taekwon-Do y profesor y director en una de las otras sedes de la academia, afirma que las mujeres le dan más importancia al aspecto físico que los hombres. Según Torrente,

Creo que (la apariencia física) es más importante en las mujeres que en los hombres, puede ser que cada quien tenga su meta: marcarse, ser fuerte, ser mejor en su deporte, pero hay algo muy cierto y es que existe una clara presión social que hace que las mujeres se preocupen más por su estética. Tanto en entrenamiento como fuera, son más las mujeres que quieren estar fit o quemar el gordito que los hombres que le paran bolas a eso. (2017).

María Camila Garcés, practicante avanzada de Taekwon-Do, opina que no obtener resultados con respecto a la imagen física mediante el entrenamiento puede ser frustrante tanto para hombres como para mujeres. Según Garcés,

Así como hay mujeres a las que les importa mucho su apariencia física, hay hombres a los que también y así como hay mujeres para las que es irrelevante, también hay hombres así. En nuestro entorno, yo creo que a la mayoría (hombres y mujeres) les importa pues después de tanto entrenamiento independientemente de los objetivos, ya sea competir, pasar un rato, entre otros, debe ser súper frustrante entrenar como entrenamos para no ver resultados físicos. La diferencia es que hay más presión sobre las mujeres porque entre nosotras nos juzgamos más. (2017).

Sin embargo, los resultados de la encuesta evidenciaron que los hombres de la academia Hwa Rang Choi dan más importancia a su apariencia física que las mujeres. A saber, la apariencia física no es la prioridad de ninguno de los entrevistados. El 14,29% de los hombres afirmó que la apariencia física es muy importante, el 71,43% dijo que la misma es importante y el 14,29% dijo afirmó darle algo de importancia. Ninguno de los entrevistados afirmó que su apariencia física no le importa (derecha).  En el caso de las mujeres, el 16,67% afirmó que la apariencia física es muy importante (el número es superior al de los hombres). Sin embargo, solo el 33,3% de las mujeres afirmó que la apariencia física es importante y el 50% afirmó darle algo de importancia (izquierda). A pesar de que las respuestas fueron las mismas, en promedio las mujeres dieron menos importancia a la apariencia física que los hombres.

En este caso, puede que la percepción que tienen los practicantes sobre la vanidad de los miembros de uno u otro género tenga que ver con la socialización de la percepción de cada individuo sobre su cuerpo. Como se vio anteriormente, es poco probable que los hombres manifiesten sentirse inseguros sobre una parte de su cuerpo o que afirmen preocuparse en gran medida por su aspecto físico. Sin embargo, en el ámbito privado y anónimo, los practicantes sí afirman darle importancia a su imagen y a la forma en la que luce su cuerpo. Esto también pudo ocasionar que en el ejercicio de la descripción de los miembros mediante adjetivos, varios practicantes describieron a las mujeres como “inseguras, superficiales y plásticas”; pues las conversaciones sobre la imagen física entre las mujeres pueden ser más frecuentes.

El uso del lenguaje y el trato entre pares

En las representaciones cotidianas de los grupos de hombres y mujeres hay estereotipos claros sobre la forma en la que los hombres y las mujeres se tratan entre sí y el lenguaje que utilizan los unos con los otros. En este caso, se analizaron las relaciones entre hombres y mujeres y la forma en la que hablan entre sí mediante otra pregunta de la encuesta, la entrevista y la observación. A los entrevistados se les preguntó si encuentran diferencias en el trato entre los grupos de mujeres y los de hombres que se forman en la academia. María Alejandra Cortés, practicante avanzada de Taekwon-Do,

La relación entre las mujeres de la academia, entre ellas, es de camaradería, picardía. Los hombres, entre ellos, si bien son compañeros de entrenamiento, no tienen tanta proximidad como las mujeres.  De los hombres a las mujeres hay un trato cariñoso y, a veces, se dirige a la coquetería.  Pero no se trata a las mujeres de menos. Es más, se les respeta porque se ve en ellas las habilidades como deportistas. Las mujeres hacia los hombres son cariñosas. A veces, parecemos toscas y toscos en cuanto a la rudeza en nuestro vocabulario pero en general hay igualdad y se ven las habilidades del deportista, del artista marcial. (2017).´

En los procesos de observación también se encontró que en la academia nunca hay maltrato hacia las mujeres por su género: sus habilidades, su fuerza y su capacidad nunca se ponen directamente en duda, no se hacen comentarios negativos sobre su feminidad ni se expone que los hombres sean más capaces. Sin embargo, las mujeres sí reconocen un trato distintivo de los hombres hacia ellas y entre ellos, que ellos pueden no reconocer. Por ejemplo, Leopoldo Torrente dice,

Creo que no (hay diferencias entre el trato entre hombres y mujeres), creo que es un ambiente bastante libre por un lado y por el otro. Yo hablo con otros hombres tan igual como Alejandra (practicante) lo hace con otras mujeres. Por ejemplo, puedo ver a Male (practicante) hablándole a Sergio (practicante) de la misma forma en la que te habla a ti (entrevistadora y practicante). (2017).

Sin embargo, practicantes como María Camila Garcés y Claudia Natalia Leiton sí encuentran diferencias. Garcés dice,

Me parece que todos somos respetuosos y marciales entre todos; pero el trato es diferente entre las mujeres en el momento de apoyarnos o de establecer amistad por decirlo así. En cuanto al lenguaje, me parece que no se tratan muy bien los hombres y que a veces hay favoritismo por ser mujeres, no sé si me entiendas. A veces, en mi opinión, por ser mujer entonces no es tan grave si llegas tarde o si se te olvida hacer una venia, por ejemplo. A veces con los hombres son más fuertes si hacen alguna pregunta demasiado tonta o se equivocan en algo. Como si nosotras tuviéramos mas derecho a equivocarnos o si fuese más común que en algo la embarráramos. (2017).

Leiton por su parte dice:

En cuanto al entrenamiento considero que los hombres son más delicados con las mujeres que con los hombres porque en el momento de hacer un ejercicio en pareja disminuyen su fuerza en el momento de trabajar con una mujer así como por ejemplo por parte del coach, él prefiere hacer un cambio de parejas cuando se trata de un ejercicio de fuerza y hay un hombre con una mujer. (2017).

A pesar de que el trato indulgente hacia las mujeres en este caso no es significativo en la medida en que tanto hombres como mujeres deben realizar las mismas actividades y seguir las mismas normas, puede que las mujeres sientan que dicho favoritismo se debe a las bajas expectativas que se tienen sobre ellas. Sin embargo, en el proceso de observación se encontró que usualmente los cambios de pareja durante los ejercicios no se dan solo en casos en el que uno de los practicantes es hombre y el otro mujer, sino también en los casos en los que el peso y la estatura de ambos miembros no son similares; esto para evitar tanto accidentes, heridas y lesiones como una ventaja o demasiada facilidad para uno de los dos. En varias oportunidades, hombres y mujeres con características físicas similares deben trabajar juntos y combatir entre sí. Por otra parte, existe una tendencia al uso de palabras peyorativas con relación a la feminidad o la homosexualidad. Según Turelli y Fernandez Vaz,

La humillación verbal pensada para los hombres, en general hace referencia a la supuesta falta de hombría, por la otra, con epítetos femeninos u homosexuales como sinónimo de inferioridad – y el «pago» de las tareas asignadas a cuenta de cualquier deficiencia en el desempeño, tales como una serie de ejercicios rigurosos, actuando solo y bajo la mirada de todos. (2011, pág. 902).

En este caso, el profesor y entrenador nunca utiliza palabras relativas a la feminidad u homosexualidad para reprender a los practicantes, pero sí es común que los mismos deban realizar tareas físicas como burpees tras llegar tarde, faltar a la cortesía o comportarse de manera inadecuada. En cuanto al uso de palabras peyorativas, se preguntó a los practicantes sobre la frecuencia y la forma en la que usan estas palabras.

A saber, el 14,29% de los hombres admitió utilizar estas palabras con frecuencia, el 28,57% afirmó hacerlo rara vez, el 28,57% admitió haberlo hecho alguna vez y el otro 28,57% admite nunca haberlo hecho (derecha). En cuanto a las mujeres, el 23,08% admitió hacer uso de estas palabras con frecuencia, el 15,38% admitió hacerlo rara vez, el 30,77% admitió haberlo hecho en alguna oportunidad y el 30,77% admitió no hacerlo nunca.

Tras preguntarle a la practicante María Alejandra Cortés sobre el uso de estas palabras, ella firmó:

Creo que son menos frecuentes que antes; pero el hecho de usar esas palabras durante el entrenamiento hace que YO entienda que está mal ser «nenita», que debo ser un hombre fuerte. Pero no es así.  El hecho que hagamos artes marciales implica dos cosas: ser una mujer determinada que cumpla con los valores del TKD; no perder la esencia de lo que es ser mujer, la sensibilidad emocional, la feminidad y como la belleza de ser mujer. Por eso tenemos una gran responsabilidad y es hacer ver que fuerza no significa ser masculina, que perseverancia no es ser la más ruda sino que implica un estado mental y una consciencia muy grande. Usar términos que aluden a la mujer o a la homosexualidad, que yo he usado, para referirme a alguien cansado o que está en un estado de debilidad física, es como decir que la mujer o el homosexual no es capaz de realizar un arte marcial, sino que por el contrario es el ser masculino lo que importa para ser «bueno». Esa es la responsabilidad de ser mujer, artista marcial: no mostrar superioridad pero que tenemos, como todo ser humano, la capacidad de desarrollar un estado mental tan poderoso, para llevar nuestro cuerpo a la belleza de un arte marcial. (2017).

En ese sentido, Cortés reflexiona sobre el uso de palabras como “nenita” e insultos atribuidos a los hombres homosexuales. La practicante afirma que estos mismos son comunes en el lenguaje cotidiano, pero que pueden evidenciar una percepción negativa sobre mujeres y homosexuales en el pensamiento de los hombres heterosexuales. Sin embargo, el trabajo realizado por las mujeres practicantes para evidenciar que sus capacidades no dependen de su género u orientación sexual, así como los intentos del profesor y entrenador por demostrar la fuerza y habilidad de sus competidoras mujeres, ha generado un cambio paulatino en el lenguaje que los practicantes utilizan entre sí. Entre esos cambios se encuentran, por ejemplo, el rechazo a la infantilización de las mujeres, se evita decir niñas a las mujeres y hombres a los hombres y se procura referirse a ambos en los mismos términos; el rechazo al uso de los términos peyorativos ya mencionados y el trato igualitario entre todos los practicantes.

Conclusiones

Mara Viveros argumenta que,

Con la modernidad emerge la presencia femenina en estos espacios proverbialmente masculinos. Sin embargo, a pesar del surgimiento de tiempos y espacios de encuentro entre hombres y mujeres, en muchos de ellos se tiende a reproducir la imagen de la masculinidad hegemónica y, en este sentido, a ignorar o a subordinar a las mujeres. Es paradigmática la presencia, en las graderías de los estadios deportivos, de las compañeras de los deportistas para aclamar las proezas de sus compañeros/héroes, alternando sus deberes domésticos con los de hinchas del equipo y adhiriendo en forma irrestricta a un espectáculo deportivo organizado por y para los hombres.

Sin embargo, este puede no ser el caso de la academia Hwa Rang Choi. En primer lugar, en ningún caso se subordina o ignora a las mujeres, tanto hombres como mujeres demuestran sus capacidades en el entrenamiento y la competencia sin asumir que son mejores o peores por su género. Más aún, las mujeres no se ven como compañeras que aclaman las proezas de los hombres, sino como individuos que logran sus propias proezas. A pesar de que el deporte es un espacio organizado por los hombres, las artes marciales están cada vez más abiertas a la participación de mujeres de todos los tipos, que pueden encajar o no en los estereotipos colombianos. Las mujeres de la academia evidentemente desafían el modelo hegemónico de feminidad al adoptar comportamientos y características típicamente masculinos como la valentía, la fuerza física, el valor y la tenacidad y demuestran que las características con las que típicamente se representa a las mujeres a) no son mutuamente excluyentes con características masculinas y pueden complementarse de manera que mejoren el desempeño deportivo (véanse los beneficios de la expresión de las emociones en el entrenamiento y el combate) y b) carecen de valor intrínseco, este valor les es atribuido por los mismos individuos.

En cuanto a los hombres, se encontró que estos aún tienen un comportamiento que encaja en el modelo hegemónico de masculinidad en Colombia. La única característica típicamente femenina en la que encajaron los practicantes fue la vanidad, pero eso puede tener más que ver con la influencia de los medios de comunicación en la percepción que los mismos tienen sobre sus cuerpos que con un desafío a los estereotipos de género construidos socialmente. Hablando en términos de su desempeño como deportistas, es probable que aún haga falta una concientización sobre la importancia de la expresión de sus emociones.

Bibliografía

Castellanos, G. (s.f.). ¿Existe la mujer? Género, lenguaje y cultura.

Cortés, M., Duarte, Á., Garcés, M., Laiton, C. Pulecio, G. & Torrente, L.(abril de 2017). Entrevista sobre los hombres y las mujeres de la Academia Hwa Rang Choi. (S. Pérez, Entrevistador)

Espinar Ruiz, E., & Antonio, R. (2002). Producción del espacio y desigualdades de género. El ejemplo del campus universitario de Alicante. Alicante: Universidad de Alicante.

Fernandez Vaz, A., & Turelli, F. (2011). Lutadora, pesquisadora: lugares, deslocamentos e desafios em uma prática investigativa uma prática investigativa. Revista Estudos Feministas.

García, L. (2015). Nuevas masculinidades: discursos y prácticas de resistencia al patriarcado. Quito: FLACSO.

List Reyes, M. (2004). Masculinidades diversas. La Ventana.

Martín Caseres, A. (s.f.). Antropología del género culturas, mitos y estereotipos sexuales.

Viveros, M. (2002). De quebradores y cumplidores. Sobre hombres, masculinidades y relaciones de género en Colombia. Bogotá D.C: Universidad Nacional de Colombia.

Deja un comentario

× Como podemos ayudarte?
A %d blogueros les gusta esto: